Recuerdos de una FIESTA de la VIRGEN (por David)

Creo que para todo calducho la fiesta de la Virgen es algo difícil de describir, es un cúmulo de sensaciones y sentimientos que configuran todo nuestro ser. Supone hablar de nuestra historia, de nuestras raíces… es hablar del sentimiento de un pueblo que vive de diferentes maneras, pero muy intensamente la devoción a su Virgen más querida


Desde que era muy pequeño he vivido las fiestas de Villahermosa muy intensamente. Creo que las celebraciones en honor a Nuestra querida Virgen de la Carrasca nos retroceden en el tiempo hasta escenas familiares entrañables. Escenas familiares que se entremezclan con amistades e historias imborrables que nos acompañan toda nuestra vida.


Recuerdo como mi madre se afanaba en prepararlo todo para que el chozo la comida y cualquier cosa que consideraba importante estuviera perfecto los días de la fiesta de la Virgen. Lo más significativo no era lo que llevaras preparado para celebrar la romería, lo realmente substancial era disfrutar al máximo cada fiesta de la Virgen y que cada una resultara especial e inalterable en el tiempo. Se celebraba con la familia y amigos, verdaderos compañeros de la vida que siempre están unidos bajo un símbolo y una identidad: ser de Villahermosa.


En esos días, a veces, el calor agobiante de las tardes del verano que se despedía, iluminaba el ambiente familiar y de fraternidad que acaecía. Las tardes de tertulia y borrachera daban lugar a historias y recuerdos eternos que nos animaban durante las contrariedades que teníamos el resto del año. Otras veces la lluvia y el mal tiempo nos anunciaban que el otoño estaba cerca y entonces las celebraciones se tornaban de romanticismo calducho, de sentimentalismo y de una magia que solo las oscuras tardes del entorno del Santuario conocen. Las hogueras quemaban los secretos de las tertulias mas sentimentales y sublimes que invadían las noches de fiesta de la Virgen.

Esos días la familia venía a visitar el chozo y los amigos compartían conversaciones interminables que siempre trataban del pueblo y de los momentos más felices y anécdotas más entrañables y curiosas que habían acontecido.


La Fiesta suponía un final del verano y un comienzo de la rutina de todo el año, era algo así como una Nochevieja del calendario calducho donde terminaba un periodo de tiempo y comenzaban nuevos proyectos. Esos proyectos se hacían con las pilas cargadas después de haber vivido unas buenas sesiones de momentos felices con los amigos y familiares que posiblemente no volveríamos a ver hasta el próximo año.


Todo este sentimiento e identidad nos hace especiales, nos hace que veamos un recuerdo o un detalle en cualquier cosa que ocurra. Es algo que nos une en torno a una tradición popular  que solo siendo de Villahermosa puedes llegar a comprender en todo su ámbito.


Por eso echando la vista atrás no recuerdo anécdotas curiosas, pero sí, un montón de momentos buenos, inmejorables al lado de mis amigos y familiares, muchos de los cuales celebran las fiestas desde el cielo y sé que aunque no nos acompañen físicamente, si lo hacen con el alma, porque ese sentimiento de hermandad y afecto por nuestro pueblo nunca muere.