Mis Quintos
Yo creo que todos recordamos nuestro año de quintos de una manera especial y muy sublime. Todos nos sentimos orgullosos de la esencia que supone ser quintos en Villahermosa. Ser quintos, no solo es cumplir la mayoría de edad o hacerte un hombre o mujer, ser quinto es mirar al pasado y eternizar una costumbre impulsada por nuestros ancestros.
Cuando eres pequeño, ves a los quintos como hombres y mujeres adultos, maduros y responsables… y te preguntas muchas veces como será cuando llegue ese momento, cuando lleves a la Virgen de la Carrasca sobre tus hombros. Luego, ese año pasa muy deprisa y casi sin darte cuenta has cumplido con el ritual, acompañado de esa gente que a partir de entonces formara parte de ti, de tu círculo de amistades mas próximo.
Al mirar al pasado, al año de quintos, te acuerdas de las noches en esa casa de los quintos que alquilabas a un amigo o que gustosamente te cedía un familiar. Estaban los compañeros del colegio, los amigos de siempre, a los que ahora se añadían los hijos de Villahermosa que por circunstancias de la vida tuvieron que salir fuera de nuestra patria chica a buscarse la vida. Todos eran muy bien recibidos. La hoguera de la chimenea atestiguaba y guardaba los secretos de las conversaciones e inquietudes de aquellos adolescentes. Empezaba un año que traería, emociones, sorpresas, amistades y afinidad entre todos esos jóvenes de Villahermosa que sentían un profundo respeto y una profunda admiración por su pueblo.
La noche de los carros era una noche en la que los quintos alardeaban de ser los más valientes y viriles, respecto a los de años anteriores. Se comparaban hazañas con las de los quintos pasados. El pueblo se preparaba para vivir una noche mezclada de tradición y un bandidaje considerado y aunque parezca contradictorio, respetuoso con los calduchos y su rutina. Suponía un alarde de fuerza y valor controlados.
Poco a poco pasaban los meses y esos jóvenes se preparaban para la Traida. Sobrevenían  una serie de emociones y sensaciones que nunca, hasta ese instante, ningún quinto había sentido tan adentro. El alma se estremecía con las canciones típicas del pueblo y las palabras de orgullo de ese grupo de jóvenes que se hacían cada vez más habituales… Después de muchos años esperando, por fin llegaba el momento. La imagen de nuestra Virgen más querida viajaría sobre nuestros hombros hasta un pueblo que vive la fé y la tradición de la manera más noble. Las canciones y vivas a la virgen se entremezclaban con lágrimas y recuerdos, y el gentío de ese grupo se convertía en  una única esencia que vivía el momento con la máxima agitación. 
En esos minutos el estremecimiento y las emociones se hacían muy fuertes y el alma te invitaba a  concebir lo especial de la situación. Miraba la cara de mis quintos, mis amigos, que mostraban el orgullo de portar nuestro emblema más adorado.  
Recuerdo como en aquella traída, el cielo rompía a llorar en forma de lluvia, como las emociones parecían ser sentidas hasta por el mismo universo.
Mientras íbamos haciendo el trayecto, mis ojos miraban las encinas viejas y sabias del camino y yo, en silencio, les preguntaba sobre los secretos de todas aquellas personas que antes , habían pasado por allí, me intrigaba demasiado conocer las historias de todos aquellos calduchos que habían vivido y habían experimentado esa preciosa experiencia.
Cuando llegamos al pueblo, la gente se agolpaba entusiasmada para recibir a la patrona, y nosotros los quintos y las quintas nos mostrábamos orgullosos de haber hecho tan honorable hazaña.
Después de la Traída, ya solo quedaba esperar a la Fiesta de la Virgen. Mientras tanto, nuestros lazos de amistad ya se habían afianzado lo suficiente como para sentirnos parte de un grupo, de una identidad, que nos hacía pasar mucho tiempo juntos. Eramos los quintos de aquel año, éramos los jóvenes que habían sido unidos por una tradición típica de nuestro pueblo. 
Llegaban los primeros días de Septiembre, y afloraban nuevos sentimientos donde se mezclaba la emoción de volver a sentir instantes especiales y únicos con la sensación de despedida de una etapa que no volvería jamás en nuestras vidas. En mi interior intentaba guardar lo máximo posible, imágenes, canciones, olores y hasta escalofríos inquietantes de mi esencia, que sabía que no volvería a percibir de aquella manera.
Se despide un año especial, un año que siempre permanecerá en el recuerdo, de una manera tan exclusiva, que te es muy difícil hablar de él y definir con exactitud todo lo que has sentido. Después, cuando hables con esos quintos, recordaras todo,  e iras configurando un concepto general y completo de todo lo que ha significado para tu existencia. Hasta entonces yo no había experimentado esa sacudida de emociones y desde entonces ese sentimiento, formará parte de mi y de las experiencias de mi vida. Seguramente se trata de uno de los momentos  mas bonitos y a la vez desconocidos de mi propia historia.